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martes, 29 de septiembre de 2009

Armida García, Tegucigalpa, Honduras

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I

Todos los objetos de mi casa
hicieron la maleta
y se marcharon
los llamé a señas,
los llamé a gritos
con palabras descalzas.
Los vi alejarse,
en procesión,
llenando de murmullos la cuadra.
El suelo se rompió
yo me hundí en el agua.


IV

El miedo cruzó las piernas
y se arrancó de una en una
las pestañas.
Los manteles,
tanto tiempo
con las alas recogidas
y colgados de las patas,
descendieron a la mesa
y la escoba
taciturna, despeinada
regresó a espiar a las arañas.
El miedo
con el dedo en el bolsillo
se durmió pensando
que el sol es un cangrejo
con las patas muy, muy largas.


IX

Miro desde el féretro
a las ventanas encogidas en su marco;
al ropero,
con las tripas afuera
pasearse enajenado,
a las sillas
que han ido a echarse en las esquinas,
a la mariposa que se arrancó las alas
y se lanzó al vacío.
Todos están aquí,
Impenetrables.
Optaron por el silencio
Igual que yo.

1 comentario:

  1. Un poema muy bien escrito..

    Se siente en silencio..

    Un abrazo con mis
    Saludos fraternos de siempre..

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